Ser autónomo es un viaje lleno de retos, y uno de los más importantes es aprender a convivir con Hacienda. Las obligaciones fiscales de los autónomos son parte inevitable de la gestión de tu negocio, pero con información y organización pueden dejar de ser una fuente de estrés.
En ASSELLOB acompañamos cada año a cientos de autónomos que buscan lo mismo que tú: entender qué impuestos deben presentar, cuándo hacerlo y cómo hacerlo bien.
Entendiendo tus obligaciones desde el principio
El punto de partida llega cuando te das de alta como autónomo. En ese momento, pasas a formar parte del censo de empresarios y profesionales de Hacienda, lo que te convierte en responsable de declarar tus ingresos y los impuestos que generan.
En la práctica, eso significa dos cosas: el IRPF, que grava tus beneficios, y el IVA, que afecta a tus ventas.
Cumplir con las obligaciones fiscales de los autónomos significa presentar las declaraciones trimestrales correspondientes, así como los resúmenes anuales.
La Ley del IRPF (35/2006) y la del IVA (37/1992) son las que establecen qué modelos deben presentarse y en qué plazos. Puede parecer complejo al principio, pero una vez entiendes la lógica, todo empieza a fluir.
Los modelos fiscales, explicados sin tecnicismos
El modelo 036 o su versión simplificada, el 037, es el punto de partida de todo autónomo. Es el documento con el que informas a Hacienda de quién eres, qué actividad realizas, dónde trabajas y qué impuestos te corresponden.
Si te das de alta sin rellenar correctamente este modelo, es probable que luego tengas que corregir errores o pagar impuestos que no te tocan.
El modelo 130 es el siguiente en la lista. Aquí es donde vas adelantando dinero a cuenta del IRPF. Básicamente, pagas cada trimestre el 20 % de lo que ganas después de restar tus gastos.
Pongamos un ejemplo: un fontanero factura 9.000 euros en tres meses y tiene gastos de 3.000 euros entre gasolina, materiales y seguros. Su beneficio real es de 6.000 euros, así que pagará 1.200 euros en el modelo 130. Si en el siguiente trimestre las ventas bajan o los gastos suben, la cifra puede ser menor, pero siempre debe presentarse, incluso si el resultado es cero o negativo.
El modelo 303 es probablemente el más conocido. Es la declaración trimestral del IVA. Aquí declaras el IVA que has cobrado a tus clientes y restas el que has pagado en tus compras y gastos.
Si una fotógrafa factura bodas por valor de 8.000 euros más IVA (1.680 euros) y gasta 2.000 euros más IVA (420 euros) en equipo, la diferencia será de 1.260 euros que tendrá que ingresar.
Sin embargo, si ha tenido más inversión que ventas, ese IVA se compensa o se devuelve al final del ejercicio con el modelo 390, el resumen anual.
Si además pagas alquiler de local o trabajas con otros profesionales que te facturan con retención, tendrás que presentar el modelo 111 por las retenciones a profesionales o empleados, y el 115 por las retenciones en alquileres.
Y si tienes relaciones comerciales con clientes o proveedores que superen los 3.005 euros anuales, entra en juego el modelo 347, que es puramente informativo, pero crucial: Hacienda lo usa para cruzar datos y detectar discrepancias entre lo que tú declaras y lo que declaran los demás.
Por último, si trabajas con empresas de la Unión Europea, deberás prestar atención al modelo 349, que sirve para declarar operaciones intracomunitarias. Es muy habitual, por ejemplo, entre agencias de marketing, diseñadores o programadores que trabajan con clientes en Francia o Alemania.
El calendario fiscal que no debería quitarte el sueño
Los plazos son el corazón de la fiscalidad. La mayor parte de los modelos se presentan trimestralmente: del 1 al 20 de abril, julio y octubre, y del 1 al 30 de enero del año siguiente.
Si domicilias el pago, ganas unos días extra y evitas saturaciones de última hora. Los resúmenes anuales (como el 390 o el 190) se presentan en enero, y el modelo 347 suele entregarse en febrero.
A partir de ahí, la clave es tener un sistema. En ASSELLOB trabajamos con un calendario vivo que se ajusta a cada cliente. Hay autónomos que prefieren hacer un cierre interno cada mes y otros que solo revisan cuando se acerca el trimestre.
Lo importante es no dejarlo al azar. Un simple recordatorio en la agenda o un correo de tu asesor puede ahorrarte sanciones innecesarias.
¿Qué pasa si te retrasas o te equivocas?
Los errores fiscales ocurren, y no siempre por falta de intención. A veces basta una factura mal contabilizada o un modelo que se presenta un día tarde. Si el retraso es menor y no has recibido requerimiento de Hacienda, el recargo es del 1 % por cada mes de retraso. Si pasa un año, el recargo sube al 15 % y se suman intereses.
En cambio, si Hacienda ya te ha notificado, hablamos directamente de sanciones, que pueden llegar al 50 % o incluso más del importe no declarado.
Imagina que un fotógrafo debía pagar 1.200 euros de IVA en julio y se da cuenta en octubre. Si presenta el modelo de forma voluntaria, pagará 36 euros extra de recargo.
Si espera a que Hacienda lo reclame, la sanción podría superar los 600 euros. La diferencia entre una cosa y otra está en actuar con rapidez.
¿Cómo mantener la contabilidad al día sin perder la cabeza?
La mejor forma de cumplir con tus obligaciones fiscales de los autónomos es no dejarlas para el último momento. En la práctica, eso significa llevar los bancos al día, registrar las facturas según se emiten y guardar cada gasto con su justificante.
En ASSELLOB siempre decimos que “sin factura, no hay deducción”, y es cierto: un ticket sin nombre ni NIF no sirve como gasto deducible.
Otro punto clave es separar lo personal de lo profesional. Si trabajas desde casa, afecta una parte razonable de tus suministros (luz, internet, agua) a la actividad en tu modelo 036 o 037.
Eso te permitirá deducirlos sin problemas. Si usas el coche tanto para trabajo como para tu vida personal, declara un porcentaje realista, y guarda pruebas del uso profesional: visitas a clientes, trayectos a proveedores o presupuestos firmados.
Cada trimestre, lo ideal es hacer una revisión entre los días 5 y 10. Calcula el IVA repercutido, resta el soportado y valora el 20 % aproximado para el modelo 130. Si ves que el trimestre será ajustado, reserva liquidez para pagar sin sobresaltos. Esta rutina convierte lo que muchos viven como un dolor de cabeza en un hábito previsible.
Ejemplos que marcan la diferencia
Un fontanero que compra herramientas, paga gasolina y emite facturas con IVA debe revisar que cada gasto esté respaldado por una factura válida. No hacerlo le puede costar perder deducciones y pagar de más.
Una diseñadora que trabaja desde casa puede deducir parte de sus suministros y del alquiler si lo comunica correctamente en el alta censal. Si no lo hace, no podrá justificar esos gastos más adelante.
Un ecommerce que vende en España y también a clientes europeos tiene la obligación de revisar si debe aplicar el régimen OSS o presentar el modelo 349.
Y una fotógrafa que invierte en equipo puede amortizarlo correctamente para reducir su base imponible, siempre que lo registre en su contabilidad y conserve las facturas.
Cada caso es distinto, y ahí es donde un asesor marca la diferencia. No se trata solo de rellenar modelos, sino de conocer las normas y aplicarlas correctamente a cada actividad.
¿Qué pasa si Hacienda te pide explicaciones?
A veces, aunque todo esté bien presentado, Hacienda puede solicitar información adicional. No significa que hayas hecho algo mal. Puede ser una comprobación rutinaria, o una diferencia entre tus datos y los de un proveedor.
En esos casos, responder rápido y con documentación ordenada evita que el proceso se complique. Si trabajas con una gestoría, ellos se encargan de contestar, aportar justificantes y, si es necesario, solicitar aplazamientos o rectificaciones.
¿Cómo te acompaña una consultoría fiscal contable?
En ASSELLOB creemos que un autónomo no debería vivir cada trimestre como un examen. Nuestro trabajo consiste en que entiendas lo que estás pagando, por qué y cómo puedes mejorar tu gestión.
Cuando revisamos tus obligaciones fiscales de los autónomos, no nos limitamos a presentar modelos. Te ayudamos a planificar, a aprovechar deducciones y a detectar posibles errores antes de que Hacienda lo haga.
Un asesor fiscal no es un tramitador; es un compañero estratégico que traduce la normativa en decisiones útiles para tu negocio. Desde saber si te interesa amortizar una inversión o aplazar un pago, hasta decidir el mejor momento para emitir una factura o cambiar de régimen.
Conclusión: que los impuestos no te quiten el foco
Cumplir con las obligaciones fiscales de los autónomos es parte de la vida profesional, pero no debería restarte energía. Con una planificación adecuada y el apoyo de una gestoría que conozca tu actividad, los impuestos dejan de ser una carga y se convierten en un proceso previsible.
En ASSELLOB te ayudamos a poner orden, evitar errores y planificar con anticipación. Tú dedícate a lo que sabes hacer; nosotros nos encargamos del resto.
¿Quieres saber si estás cumpliendo con todo?
Te ofrecemos una revisión gratuita de tu situación fiscal y te ayudamos a crear un calendario personalizado según tu actividad. Escríbenos y te orientaremos sin compromiso.

